Luigi Morcaldi no puede controlar sus impulsos agresivos y violentos. Por esta razón, además del riesgo de fuga (es indigente y huyó para evitar ser encontrado), debe permanecer en prisión. La jueza de instrucción Lorenza Pasquinelli ha confirmado la detención del asesino de Luciana Ronchi, de 62 años, quien fue asesinada a puñaladas catorce veces frente a transeúntes mientras regresaba a su domicilio. Ella lo acusa de tener una relación afectiva, pero, por ahora, no de premeditación (ni la fiscalía la busca).
Los investigadores señalan, sin embargo, que el estado mental de Morcaldi, de 64 años, se desprende de las declaraciones del portero del edificio «la noche anterior al crimen». El portero declaró haber visto al hombre frente a la casa de Luciana Ronchi el 21 de octubre a las 18:30, en Via Grassini 5, en la zona habitualmente frecuentada por los residentes. «Estaba enfadado y agitado», declaró la testigo, además de «decepcionado por el fin de la relación» con Ronchi, ocurrido tiempo antes. También declaró: «Gritando, le exigió que se fuera de casa». Morcaldi había abandonado el hogar familiar años antes y se encontraba sin hogar. Otro detalle destacado por el juez de instrucción es la «carta hiriente» escrita por Morcaldi y dirigida a ella y a su hijo, hallada en el coche. Una testigo declaró a la prensa que el hombre llevaba un mes merodeando fuera de la casa.
Se están llevando a cabo más investigaciones, y será necesario profundizar en ellas para esclarecer los detalles del asesinato, que fue grabado íntegramente en un video de vigilancia de un edificio cercano. El video muestra a Morcaldi bajando de su scooter, acercándose a su exnovia y atacándola violentamente mientras un ciclista aterrorizado y otro transeúnte observan. «Por otro lado», señaló el juez, «el número de puñaladas infligidas a la víctima y la zona anatómica afectada casi exclusivamente (cara y cuello) respaldan inequívocamente la plena intencionalidad del crimen y del incidente relacionado, independientemente de los intentos de Morcaldi de minimizar la intensidad de su intención homicida».
El juez explica además que el asesinato ocurrió «un período de tiempo significativo después de la separación (tres años, ed.) y fue evidentemente vivido con una clara incapacidad para superar el resentimiento y gestionar la frustración, además de ser llevado a cabo de manera cruel, sin tener en cuenta la publicidad de la situación y con un enfoque psicológico evidentemente indiferente a las posibles consecuencias de su acción».



